Cómo cambia el pie con la edad
Después de los 65 años, los pies no funcionan como a los 40. La piel se adelgaza, cicatriza más lento y se seca más rápido. Las almohadillas grasas bajo el antepié se reducen y aumenta la presión en zonas sensibles. Las uñas se engrosan y son más difíciles de cortar sin ayuda.
En Tel Aviv, el calor y las largas caminatas sobre asfalto o arena añaden carga. Muchos de mis pacientes mayores consultan cuando una pequeña herida o grieta en el talón empieza a limitar sus salidas diarias.
Problemas frecuentes en mayores
En consulta veo regularmente las mismas situaciones:
Piel seca y grietas
La sequedad en el talón y en los bordes del pie es frecuente. Sin hidratación regular aparecen grietas superficiales. Pueden volverse dolorosas e infectarse si se ignoran.
Callos y durezas
Años de presión con calzado inadecuado dejan zonas endurecidas bajo el antepié o en los laterales. Los callos modifican a veces la forma de caminar.
Uñas engrosadas o difíciles de cortar
Las uñas se engrosan con la edad. Cortarlas solo se vuelve arriesgado: cortes, uñas encarnadas o lesiones bajo la uña. Un podólogo puede cortarlas con seguridad.
Dolor que limita la marcha
Fascitis plantar, metatarsalgia o artritis en los dedos dificultan caminar. La persona acorta salidas y luego evita caminar. La movilidad baja rápidamente.
Consejo podológico
Si un familiar mayor tiene dificultad para cortar uñas o revisar los pies, ofrezca una inspección semanal rápida de talones y espacios entre dedos. Dos minutos bastan para detectar una herida antes de que empeore.
Rutina de cuidados en casa
Unos gestos simples, repetidos cada día, protegen los pies a largo plazo:
- Hidratar los pies cada noche sobre piel limpia y ligeramente húmeda (talones y bordes, no entre los dedos)
- Secar bien entre los dedos tras la ducha
- Usar calcetines limpios y calzado con espacio para los dedos
- Cambiar de zapatos si los pies sudan o una zona roza
- Inspeccionar los pies con regularidad, incluso sin dolor
- Pedir ayuda a un familiar si agacharse es difícil
Para la inspección, un espejo en el suelo o una lupa con soporte permiten ver la planta sin forzar la espalda. Una inversión pequeña que evita muchos problemas.
Pies y caídas: un vínculo que se ignora
Las caídas en mayores suelen relacionarse con los pies. Dolor que altera la marcha, dedo en garra que engancha el suelo, calzado demasiado amplio o tacón inestable aumentan el riesgo de tropezar.
En consulta examino la marcha, zonas de presión y calzado diario. Tratar un dolor crónico o eliminar una dureza dolorosa puede bastar para estabilizar la marcha. Con diabetes, el seguimiento podológico regular es especialmente importante; trato este tema en un artículo dedicado al pie diabético.
¿Cuándo consultar al podólogo?
Los cuidados en casa no siempre bastan. Consulte si observa:
- Herida o grieta que no cicatriza tras dos semanas
- Enrojecimiento que se extiende, calor local o pus
- Dolor persistente que limita la marcha
- Cambio de color del pie o del dedo
- Hormigueo o adormecimiento nuevo
- Uñas que ya no puede cortar con seguridad
No espere a que el dolor sea incapacitante. Una atención temprana evita complicaciones y permite mantener una vida activa en Tel Aviv.
Visitas domiciliarias para mayores en Tel Aviv
Para muchos de mis pacientes mayores, ir a la consulta tras un día largo o cuando caminar duele no es sencillo. Las visitas a domicilio permiten examinar en un entorno real: calzado habitual, alfombras, acceso a la ducha.
Ofrezco cuidados podológicos adaptados, corte seguro de uñas, tratamiento de callos y durezas, y consejos personalizados sobre calzado e higiene. La consulta sigue disponible para quien prefiera acudir en persona.
Preguntas frecuentes
¿Con qué frecuencia debe consultar un mayor al podólogo?
En general una o dos veces al año para una revisión preventiva; más a menudo con diabetes, dolor persistente o dificultad para cortar las uñas.
¿Las visitas podológicas a domicilio son adecuadas para personas mayores?
Sí. Evitan un desplazamiento difícil y permiten examinar los pies, el calzado y el entorno de la persona en su casa.
¿Qué signos en los pies deben alertar a un mayor o su familia?
Herida que no cicatriza, enrojecimiento que se extiende, cambio de color, dolor repentino o hormigueo nuevo, o pie que se calienta sin causa evidente.
¿Cómo inspeccionar los pies si cuesta agacharse?
Usar un espejo en el suelo, una lupa con soporte o pedir a un familiar que revise talones, espacios entre dedos y plantas con regularidad.